Heis epí polloús o la difícil paideia heraclitiana

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  • Giuseppina Grammatico Metropolitan University of Educational Sciences image/svg+xml

Abstract

La pregunta parece absurda e incontestable. Heraclito detesta a los hombres, es un solitario; no conocemos a sus discípulos1, no lo imaginamos rodeado de gente, haciendo escuela. Más bien parece ahuyentar a quien osare acercársele. Es áspero y lejano como la diosa sobre cuyo altar deposita su obra como una ofrenda. En sus presuntas acluaciones públicas la palabra es la gran ausente; esto no deja de ser paradójico en el “apóstol” del Logos2. La actitud, los gestos hablan por el. pero hay más fuerza en ese silencio que en ríos desbordantes de elocuencia. Las pocas veces en que habla, vocifera, grita y pronuncia palabras cortantes como cuchillos.

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2022-05-11

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Artículos

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